En nuestro país somos muchos las y los educadores que intentamos promover la paz y nos preguntamos ¿cómo podemos construir una cultura de paz de manera general y contundente? Esta pegunta la hacemos siempre, y más ahora, donde iniciamos una semana de acción contra la militarización. Si analizamos lo que implica la paz vemos que no es la ausencia de guerra o de conflicto, muchas veces para construirla debemos gritar ¡ya basta!, y no solo gritar sino realizar acciones concretas, como ejemplo desde nuestra organización proponemos la SEMANA ANTIMILITARISTA, este año con el lema: Desmilitaricemos nuestras conciencias, las instituciones y las sociedades. (Por Cristina Coronel)
Esta lucha que se ha venido y se viene impulsando desde hace años pretende concientizar a la población sobre la importancia de la cultura democrática, participativa e inclusiva, por sobre el autoritarismo y la militarización.Pretende también dar un mensaje a nivel estructural para que los legisladores/as aprendan a escuchar las necesidades y derechos de la población. No es aprobando leyes como la de defensa que se construye la paz. Legislar por el bien del pueblo sin poner el capital por encima de los intereses nacionales, no es una práctica que se esté desarrollando en el Congreso de nuestro país. Muchas veces se requiere de la movilización y de acciones contundentes para decir ¡ya basta!, para poder vivir en paz. Construir la paz es algo muy complejo y requiere de una visión y acción multidimensional, la educación aquí tiene un papel primordial ya que se requiere, tanto de acciones inmediatas como de largo plazo y en muy diversos campos. La paz debe construirse desde lo personal, lo comunitario, lo institucional y estructural y todos estos niveles se deben articular y complementar entre sí. Acompañar estos procesos en nuestros territorios es una tarea que como educadores y activistas no debemos olvidar. Ante las múltiples dimensiones de la violencia está claro que los esfuerzos deben insertarse en un esfuerzo concertado que cambie aspectos básicos de nuestra forma de vivir y que, por lo tanto, deberá complementarse con nuevas actitudes ante la vida, sin olvidar el incidir en políticas públicas de educación, salud, trabajo, desarrollo económico, cuidado del medio ambiente, equidad, el respeto y defensa del territorio, entre otras, para lograr abatir las violencias que nos aquejan.
Las violencias deben verse bajo una óptica de que son fruto de una enfermedad social, las cuales hay que superar bajo criterios de salud pública. La paz es fruto de la justicia, de la cohesión social, de la reducción de desigualdades y de valores compartidos.Las instituciones de nuestro país tienden a mantener formas de relación basadas en la verticalidad y sumisión o en resistencia y desafío. Los diversos niveles de gobierno no tienden a la colaboración en la resolución de problemas, pero sí al protagonismo exacerbado.
La cultura de la violencias -legítimas o ilegítimas- como únicas formas de resolución de conflictos se han priorizado frente a procesos reflexivos y de diálogo. La exaltación de las formas del crimen o de la imagen de los guerreros de estado requiere que se propongan a la sociedad las figuras de constructores/as de paz, de mediadores/as, de nuevas formas de SER, DE HACER Y DE RELACIONARSE.Por esto que necesitamos el fortalecimiento de nuestras organizaciones, de nuestra redes, de nuestros equipos de trabajos que nos invitan a una vida dentro de la Cultura de Paz, del bien estar, del buen vivir. En esta semana antimilitarista la invitación a pensar y pensarnos en Desmilitarizar nuestras conciencias, las instituciones y las sociedades. No hay caminos para la paz, la paz es el camino. -- Ver programa de actividades