¡CELEBRAR LA VIDA! LOS 20 AÑOS DEL COMITÉ DE MUJERES DE SANTO DOMINGO

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Texto de Marta Almada

Desde Serpaj PY ha sido un honor el haber acompañado a la Asociación Kuña Aty Santo Domingo en estos 20 años, en su camino por la tenencia colectiva de la tierra y la producción orgánica de alimentos. Aquí narramos parte de su historia.

Teresa Parodi habla de celebrar la vida en todas sus dimensiones, y así lo han hecho las 25 mujeres y el varón que conforman el Comité Kuña Aty Santo Domingo, al cumplir 20 años de camino conjunto de producción agroecológica desde un modelo de producción asociativo comunitario.

Fundada en 1996, esta Asociación reúne a pobladoras, y a un poblador del Distrito de Horqueta, en Concepción, con el objetivo de fortalecer su capacidad de gestión y mejorar las condiciones de vida digna de las mujeres y sus familias, aportando a la economía familiar a partir del fortalecimiento de sus diversos emprendimientos productivos: la chacra comunitaria, el almacén de consumo, el acopio de leche y las huertas familiares. Durante estos 20 años, todos estos emprendimientos han sobrevivido a las difíciles situaciones de precariedad e inseguridad de la zona Norte del país, presa de un modelo extractivo y avasallador.

Esta pervivencia y resistencia las realizan de manera práctica, con el ejercicio organizativo cotidiano durante estos primeros 20 años, con enormes victorias como haber conformado una organización fuerte y estable, gracias a la constante capacitación que reciben, el involucramiento de todos los miembros de las familias y el reconocimiento de las instituciones públicas del distrito y del departamento. Asimismo, a través de los años, han adquirido por interés propio del y de las integrantes de la Asociación conocimientos sobre igualdad de género y derechos de las mujeres, y -sobre todo- la victoria que representa la soberanía alimentaria, como consecuencia de la producción de auto consumo familiar y el arraigo.

El principal reto, ahora, es expandir de su experiencia: un modo de hacer y ser propio que protegen celosamente, danzando a sus ritmos, desde y sobre sí mismas. La tentación de darle un empujón desde el afuera para acelerar el ritmo puede detenerlas, más allá de la mejor voluntad de quien pretenda “ayudar”. Quizás, la mejor forma de impulsarlas o de acompañarlas sea la de imaginar que nosotros mismos somos parte del movimiento, girando, danzando, todos y cada uno. Y bailar a su ritmo. En eso estamos.