La justicia y sus símbolos. A 13 años del 1A 2004

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MANIFIESTO DE LAS FAMILIAS DE VICTIMAS DEL YCUA
La mala suerte, los malos designios siempre fueron asociados y simbolizados con el número 13. Si nos mantuviéramos sin más en ese pensamiento, a 13 años del crimen en el Ycua Bolaños, deberíamos resignarnos a creer, que los fallecidos, los huérfanos, los sobrevivientes y los aún desaparecidos, solo han sido víctimas de la mala suerte de estar en un lugar y en un momento desafortunado.

Pero, gracias al enorme esfuerzo y la persistencia por reconstruir nuestras familias, nuestra vida y el de la comunidad, gracias a la solidaridad de la gente, supimos comprender y asimilar desde el mismo dolor, que hay hechos que no son meramente fortuitos.

Aprendimos que existe un gran sector empresarial al que solo le interesa el lucro sin tener en cuenta la vida de las personas. Supimos, y sabemos desde entonces, que quienes administran la justicia en nuestro país tienen un precio al que pocos acceden, y que hay que exigir y no someternos simplemente a la espera de que todo salga bien. Comprendimos que hay un sector que dejó y deja a la suerte, deja al azar la vida de toda una sociedad.

Por estas y otras razones, en búsqueda de una justicia mucho más integral y amplia, iniciamos un largo camino cargado de símbolos significativos, en el que la memoria viva nos ayudó a sostener el presente para seguir pensando en un mejor futuro. La fortaleza del lapacho, nuestras movilizaciones, la gran bandera con nuestros seres queridos, los cánticos, la sirena de los bomberos y otras manifestaciones, nos dieron otros símbolos, nos dieron otra identidad más allá de ser solo víctimas o familiares de víctimas, nos dieron la posibilidad de ser protagonistas activos y construir nuestra propia historia desde la esperanza.

Esa historia también tuvo y tiene varios tramos en lo formal, en lo judicial, pero también en lo social. En marchas y rezos, en peñas y charlas, en lo individual y en lo organizacional. En esa larga lucha por una justicia reparadora, no nos han regalado nada, y nuestros logros no han sido consecuencias de la mera suerte.

Y hoy, como símbolo de uno de los grandes logros, nos encontramos en una parte importante de ese tramo. Nuestra presencia activa y permanente en el proceso de trabajo conjunto con la Secretaría Nacional de Cultura, además de lo que establecen las leyes, se basa sobre todo en desarrollar criterios claros, respetuosos y transparentes para las gestiones institucionales.

En ese sentido, la construcción del Sitio de la Memoria y Centro Cultural 1A no es simplemente una gestión más dentro del proceso de la historia que vivimos desde el 1 de agosto de 2004. Es todo un hito de reivindicación de lo que para nuestras familias constituye un verdadero acto de justicia, y sobre todo, es un gran paso esperanzador hacia un espacio que pueda promover y fortalecer valores esenciales para la convivencia social.

El nuevo edificio no solo será para las familias y víctimas, sino para toda la población de nuestro país, por tanto debe ser de interés, participación y cuidado por parte de toda la ciudadanía. El Sitio de la Memoria es una inversión, pagada con sangre de nuestros seres queridos, cuyo objetivo principal es contribuir a mantener viva la historia del 1A como medio de reparación integral y el derecho a la verdad sobre lo ocurrido, así como al deber de memoria del Estado por las violaciones ocurridas en el lugar, interpelando a la sociedad sobre las dinámicas institucionales, políticas y sociales que lo desencadenaron para garantizar la no repetición. Y para concretar dicho objetivo será fundamental la interacción constante del Sitio de la Memoria con la comunidad.

Brindamos un voto de confianza a la empresa constructora Barrail Hermanos, y expectantes al gran compromiso que le toca cumplir, la hacemos depositaria de nuestro deseo de ver construido un sitio que, además de plasmar desde lo estético nuestra historia y nuestros símbolos, sobre todo garantice la vida de quienes transitaremos por dicho sitio.

Por último, porque formamos parte de una sociedad casi huérfana de referencias ejemplares en las instituciones, porque formamos parte de un todo social en el que cada vez se siente el desamparo de políticas públicas equitativas en cuanto a la salud, la educación, el acceso a la tierra y otras necesidades sociales, tenemos el convencimiento de que la justicia no debe ser solo un hecho fortuito, la justicia no solo debe ser para unos pocos. Por eso, manifestamos nuestra solidaridad con todos aquellos sectores, urbanos y rurales, en los que el sistema de poder económico y político los excluye, los criminaliza, los persigue y los elimina.

NO HAY PAZ SIN JUSTICIA. 400 MUERTOS ESO NO SE OLVIDA, NO SE QUEDA IMPUNE