¿Se puede educar de manera seria sin ser una educadora o un educador autoritario?

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Cuando desde el Serpaj me propusieron enseñar en el seminario que estaba organizando con el Instituto de Educación Superior, sobre Autoritarismo y Educación en Paraguay, estaba contenta con la oportunidad, por la temática y el desafío que implicaba. No sólo era trabajar sobre educación, sino era en referencia al autoritarismo, y era enseñar a estudiantes del profesorado en ciencias sociales.

Por Ángeles Ferreira.

(Este texto está publicado en el SEGUNDO BOLETÍN DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS DEL AÑO 2017)

Todo el contenido a desarrollar se encontraba en la investigación “Relaciones entre autoritarismo y Educación en el Paraguay” publicado por el Serpaj Paraguay, texto que no sólo hace un gran recuento crítico y serio de la historia del Paraguay desde el autoritarismo y la educación, sino que además ofrecen una detallada bibliografía de otros materiales e investigaciones que se pueden utilizar para enriquecer el programa del seminario.

Entonces, el desafío no estaba en el contenido del programa, sino en pensar la metodología más acorde para la temática y ponerla en práctica, sobre todo ponerla en práctica en un espacio tan “formal y autoritario” como lo son nuestros institutos y universidades, y hacerlo entre estudiantes y docentes tan acostumbrados a aprender y enseñar en esta misma lógica, incluyéndome a mí misma.

Parte grande del trabajo para el seminario fue buscar las metodologías, que sean asertivas, para no centrar las horas del seminario en lecturas y clases magistrales. La idea era mirar la educación paraguaya desde la perspectiva autoritaria, y si algo queda claro para los y las pedagogos y pedagogas casi más allá del contexto histórico y las cuestiones institucionales, es que esto se reproduce en el aula, en la relación directa entre educadores y estudiantes, y que esta relación enseña tanto, o incluso más, como el contenido del programa a desarrollar.

Enseñar sobre la relación entre autoritarismo y educación en Paraguay, para quienes asumimos la necesidad de construir un mundo más justo y una paz democrática, implica ante todo ser críticos y críticas, tomar postura, comprender que los datos y el relato cobran vida en el presente y construyen el futuro, pero sobre todo, implica que al estudiar necesitamos construir espacios de reflexión y diálogo que nos permitan asimilar el contenido y que el mismo nos modifique y nos permita ser coherentes con lo aprendido.

De ahí que gran parte del seminario estaba basado en rondas de conversación y debate, en los juegos de roles, en escribir y compartir la opinión de cada participante, en compartir otros formatos más allá del formal, acordes a la temática: poemas, músicas, películas y noticias. Así también, se buscaba romper con esta lógica del llamado de atención constante y control sobre el y la estudiante, se buscaba que la relación entre el grupo de estudiantes y la docente sea lo más horizontal posible (sabiendo que esto no es del todo posible).

El resultado fue bastante enriquecedor y me ha permitido analizar mucho sobre el rol del docente y del sistema escolar en general. Para muchas y muchos de los estudiantes era incómoda la falta de exigencia en el horario o el llamado de la lista; más de una vez, aquellos que participaban respetando estas normativas (hora y asistencia) reclamaron el hecho de que no me enoje con los ausentes, dando a entender que con esta reacción “nadie me tomaría en serio como profesora”. Así también me llegaron a plantear que el seminario les gustaba mucho por lo “poco serio” que era en algunos de sus momentos.

Por otro lado, algunos de los estudiantes aclararon que les agradaba el desafío, que les forzaba a la reflexión, que costaba bastante y que era una forma de interpelar la rutina. Así como que es buena la experiencia de jugar en el aula en el nivel universitario, o de que sus opiniones sean tomadas en cuenta, cualquiera sea la misma.

Es importante aclarar que toda decisión fue compartida con el grupo de estudiantes, se les explicaba la finalidad de cualquier acción. Y más de una vez el debate se centró en si era o no acertada la propuesta.

¿Por qué contar de esta forma la experiencia del seminario y el trabajo que realizó el Serpaj? ¿Por qué no hablar del contenido del seminario, de líneas metodologías o propuestas para el desarrollo de este tipo de experiencias, etc.?
Porque es necesario compartir en voz alta las reflexiones que aún nos encontramos haciendo, porque creo que este seminario no sólo permitió que un grupo de estudiantes aprendan sobre la historia de la educación en el Paraguay, sino que además abrió las posibilidades de reflexionar sobre el cómo hacer para transformar, enriquecer, democratizar esta historia.

En una actividad, en horas del seminario, jugamos a caracterizar a un o una docente que no sea autoritario o autoritaria. Más de uno lo describió como “demasiado bueno”, “tierno”, “ingenuo” o “suave en su trato”. A todos, estudiantes, como a mí misma, nos costó muchísimo saber exactamente cómo tenemos que ser para no ser autoritarios en aula.

A todos nos es fácil criticar el sistema autoritario y explicar las consecuencias en nuestra historia paraguaya, pero aún nos queda mucha tarea en acertar cómo hacemos para darle vuelta. Aún nos sentimos incómodos en proponer acciones o metodologías, caemos en creer que cuando no somos autoritarios no somos lo suficientemente serios ni logramos enseñar.

El desafío es grande, creo que la única forma de acertar es seguir buscando los cómos y compartiendo, dialogando y reflexionando sobre estas experiencias, para que con ello construyamos alguna propuesta crítica y comprometida con la democracia. Creo firmemente que sólo podemos educar en democracia siendo democráticos, que aún con los desafíos que esto implica, todas las demás prácticas educativas son peligrosas para la construcción de un mundo más justo.