Manifiesto #25NPy

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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Vivas Nos queremos

Hoy, como cada año en esta fecha histórica, marchamos libres, fuertes, alegres, en el abrazo del encuentro en la diversidad y la sororidad de los feminismos que nos reúne. Somos luchadoras y sobrevivientes.

Venimos a gritar y exigir: NO MÁS VIOLENCIA. Somos niñas, adolescentes, mujeres campesinas e indígenas, estudiantes, mujeres viviendo con VIH, anarquistas, mujeres trans, lesbianas y bisexuales, adultas mayores, artistas, mujeres con discapacidad, sindicalistas, mujeres que no estamos dispuestas a que nuestros derechos conquistados, resultado de muchas luchas de miles de mujeres feministas en todo el mundo, nos sean arrebatados. Reafirmamos nuestra voluntad de seguir luchando por alcanzar los Derechos Humanos que nos corresponden y no vamos a dar ni un paso atrás ante la reacción patriarcal conservadora protagonizada por sectores religiosos. Como lo ha hecho históricamente, la iglesia desconoce que el Estado es laico y continúa incidiendo en las decisiones de las instituciones y fomentando el odio, la ignorancia y la intolerancia a través de miedos y mentiras.

Nos movilizamos por la eliminación de todo tipo de violencia contra las mujeres y en especial hacia las mujeres lesbianas, bisexuales y trans, y hacia todo ser humano que desafíe al sistema patriarcal construyendo relaciones afectivas y familias diversas. Demostramos en la práctica que el modelo de familia impuesto es excluyente de derechos. No pedimos permiso para ser quienes somos. Que cese la violencia hacia los hijos e hijas de madres lesbianas y bisexuales y sus familias. Hoy defendemos todas las formas de familia, familias sin violencias.

El Estado no debe regular nuestras vidas, debe cumplir sus obligaciones garantizando vida digna de todas las ciudadanas.

Ya suman 46 los feminicidios registrados en el país. Exigimos justicia para las 46 mujeres asesinadas durante este año. Esperamos sentencia para los profesores acosadores igual que para los sacerdotes que abusan de su poder para violar, instigar y acosar mujeres y niñas. Al Poder Judicial le recordamos que en nuestro país hay un caso de feminicidio cada semana y denunciamos la impunidad judicial ante estos casos, pues quienes deberían velar por la seguridad de las mujeres desde las instancias estatales, son quienes nos violentan y revictimizan.

Reivindicamos el aporte histórico que hemos realizado las mujeres en todos los campos. Hoy en particular cuando la teoría de género está siendo satanizada, por el solo hecho de dejar en evidencia las desigualdades existentes producto del patriarcado y por buscar una sociedad donde todas las personas gocemos de los mismos derechos.

Condenamos la explotación laboral que sufrimos las mujeres. Continuamos percibiendo un salario menor que los hombres, realizando el mismo trabajo, sin acceso a salud y seguridad social. Somos forzadas a mantener solas a nuestros hijos e hijas porque hay hombres que continúan sin asumir responsablemente su paternidad, en medio de un silencio cómplice del entorno social y estatal. Exigimos espacios laborales libres de acosos y protocolos de seguridad con perspectiva de género, para denunciar, investigar y sancionar los casos de acoso y persecución laboral. Que se acabe la persecución sindical a las trabajadoras organizadas. Exigimos condiciones laborales dignas para todas las trabajadoras.

Denunciamos la situación de las mujeres presas sin causas, como las mujeres a quienes la Fiscalía vincula, sin prueba alguna, a la masacre de Curuguaty y hoy son presas políticas. Las mujeres indígenas y campesinas resistimos: nos fumigan, nuestras viviendas son quemadas y nuestros cultivos son arrasados con órdenes judiciales que protegen el agronegocio que se expande en nuestro país, nos empobrece y nos criminaliza.

Hasta hoy contabilizamos 59 feminicidios trans. Exigimos acciones que pongan fin a los crímenes de odio contra las mujeres trans. Exigimos el respeto a nuestra identidad de género como personas trans, acceso y goce de nuestros derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos. Educar en la heterosexualidad obligatoria es alentar la violencia contra personas trans, lesbianas y bisexuales. También denunciamos que la violencia contra las lesbianas es silenciada y naturalizada, nuestros derechos son ocultados por el Estado. Las lesbianas privadas de libertad deben tener acceso a las visitas íntimas. Que ese derecho no se cumple, también es violencia.

Condenamos la violencia simbólica que sufrimos, donde los medios de comunicación y la cultura machista usan nuestros cuerpos como un objeto de consumo. Las actrices son utilizadas para seguir perpetuando la cosificación. Rechazamos los roles estereotipados de la sociedad por medio de la publicidad, el cine, la televisión y el teatro.

Repudiamos la discriminación que sufren las adolescentes embarazadas en las instituciones educativas, excluyéndolas del sistema educativo, impidiendo la culminación de sus estudios. Hay niñas de entre 9 a 14 años en situación de criadazgo, expuestas a todo tipo de violencia y abuso sexual.

Las niñas vivimos condenadas a una educación que nos enseña a ser sumisas, cargándonos de estereotipos, discriminando los deportes que realizamos y las ropas que usamos, silenciando nuestra curiosidad y desconociendo nuestras preguntas e inquietudes. Denunciamos a los medios que estigmatizan nuestras vidas y que discriminan a las niñas pobres. Estamos hartas de la inacción del Estado ante los altos índices de abuso, explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. Cada día 2 niñas, de entre 9 y 14 años, deben soportar un embarazo producto de violaciones. Exigimos al Ministerio de Salud que reconozca el peligro que representa un embarazo para la vida de una niña y que se aplique la causal despenalizada del aborto. ¡NO queremos que MÁS NIÑAS sean obligadas a ser madres! Son niñas, no son madres.

Denunciamos a las comisarías que no actúan ante hechos de violencia física, sexual y psicológica. La inacción del Estado obliga a las mujeres a volver a sus casas sin ninguna garantía. Condenamos a la policía que nos tortura y hostiga.

Exigimos que se investiguen los casos de feminicidios de mujeres trabajadoras sexuales y que ningún caso quede impune. Denunciamos el abuso de autoridad por parte de la policía hacia las mujeres que ejercen trabajo sexual. Que el Estado paraguayo no reconozca el trabajo sexual, como trabajo y todos los derechos que conlleva, también es violencia.

Exigimos mayor presupuesto para la prevención de la violencia y la atención a mujeres violentadas: casas de refugio en las que podamos estar seguras junto a nuestras hijas e hijos; programas que promuevan la independencia económica y el acompañamiento psicológico, infraestructura para prevenir la violencia, iluminación en las calles y transporte público toda la noche. Repudiamos el acoso callejero, que está naturalizado y refuerza la violencia sobre nuestros cuerpos y la diversidad que representamos. La desatención del Estado y sus instituciones nos vulnera, nos pone en riesgo y nos quita libertad. Exigimos que el Estado cumpla con su obligación de garantizarnos espacios públicos libres de violencia.

Denunciamos a las iglesias que reproducen el machismo y encubren a acosadores y abusadores, y a la alianza de iglesias fundamentalistas que instalan el odio como respuesta a nuestras denuncias. Exigimos respeto al Estado laico e investigación y castigo a curas acosadores, abusadores y pedófilos. ¡Basta de impunidad!

Exigimos nuestro derecho a recibir información científica, laica, con perspectiva de género y enfoque de Derechos Humanos para no sufrir ningún tipo de discriminación, no ser víctima de ningún tipo de violencia.

Que el Estado garantice el acceso a la educación superior para todas las mujeres en nuestra enorme diversidad. Queremos una educación laica, educación sexual integral con perspectiva de género, que incluya la discriminación de género, la violencia hacia la mujer y nos permita acceder a instituciones educativas libres de acoso sexual. Queremos educación sexual integral como medida en contra del abuso infantil y embarazo infantil y adolescente.

Exigimos guarderías, salas de lactancia, permisos por maternidad y protocolos en caso de acoso y violencia de género para todos los espacios educativos. Ya no queremos ser obligadas a abandonar nuestros estudios por ser madres y que docentes y/o directores acosadores se sientan con derecho de opinar sobre nuestras decisiones.

Por el fin de la violencia obstétrica. Tenemos derecho a contar con servicios de salud respetuosos, integrales y amigables; salud sexual y reproductiva que garantice una atención de calidad para todas las mujeres del país.

Queremos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legar para no morir. Por un debate responsable sobre la despenalización del aborto que ponga fin a la muerte de mujeres pobres por abortos clandestinos.

Repudiamos el ensañamiento contra las mujeres que deciden disputar espacios de participación política. Exigimos participación, paridad e igualdad, la Ley de paridad democrática para que podamos ejercer nuestro liderazgo. Reivindicamos el derecho de las mujeres a encabezar y liderar proyectos políticos, sociales y laborales. Por la paridad en todos los cargos dirigenciales al interior de las organizaciones políticas, sociales y partidarias.

Las mujeres indígenas, campesinas y bañadenses exigimos acceso a la tierra y derecho a vivir en la ciudad, titulación de tierras y defensa costera para protegernos de las inundaciones. Rechazamos la criminalización que sufrimos por denunciar los abusos del Estado y el atropello criminal por defender nuestras comunidades de las fumigaciones y el avance del monocultivo transgénico que arrasa con nuestra cultura, nuestra alimentación y nuestras vidas.

Mujeres indígenas, campesinas, rebeldes, sabías y organizadas vamos a continuar resistiendo al agronegocio y a los agrotóxicos que nos matan. Rechazamos la militarización de todos los territorios campesinos e indígenas que habitamos. Exigimos la defensa de nuestras semillas nativas y criollas, la Agroecología y la Soberanía Alimentaria.

Las mujeres no queremos y no vamos a permitir seguir siendo asesinadas, violentadas, acosadas, abusadas sexualmente, manoseadas, discriminadas, menospreciadas y humilladas. Somos conscientes que esto no va a ser fácil en esta sociedad patriarcal, por eso vamos a continuar nuestros procesos de construcción colectiva entre mujeres, fortaleciéndonos y deconstruyéndonos cada una de nosotras, caminando juntas hacia la transformación de una sociedad donde todas y todos seamos iguales y gocemos de los mismos derechos. Sanar juntas es una tarea política. Queremos disfrutar libremente de relaciones afectivas y familiares. También queremos placer y exigimos poder decidir sobre nuestros cuerpos.

Instamos a multiplicar y profundizar el debate sobre las familias, la educación, la salud, los derechos, las identidades y la sexualidad de nuestra población. Creemos que se necesita una reflexión colectiva, abierta, responsable y respetuosa acerca de los derechos, que involucre a toda la sociedad y el colectivo humano. Ponemos de manifiesto las alarmantes cifras de violencias hacia mujeres y niñas. 45 feminicidios en lo que va del año y más de 3500 partos infantiles.

Anive oiko feminicidio. Kuña mba’apohára campesina ha indígena roñemoviliza yvy ha tekoháre. Kuñanguéra roñemoî patriarcado ha capitalismo renóndepe.

Asumimos el desafío de construir un movimiento en la diversidad de nuestras luchas que pueda asumir responsablemente tareas pendientes como combatir la trata de mujeres, niñas y adolescentes.

Las mujeres diversas reunidas en el marco del 25N exigimos NO MAS NIÑAS MADRES. Vamos a seguir luchando, juntas, alegres e insumisas con la fuerza de nuestra historia por una sociedad libre de violencia, en la que haya condiciones de igualdad de derechos para todas las personas.

¡Nosotras, mujeres, feministas, diversas en la sororidad, hermanadas, organizadas y rebeldes, locas y libres, Vivas nos queremos!

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