El compromiso 12

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El Consejo Consultivo Adolescente y Joven del UNFPA elaboró un documento para candidatos a la presidencia de la República del Paraguay 2018 que incluye 25 compromisos. En el ámbito de la educación, el compromiso número 12 propone: Avanzar en la incorporación de una política de educación integral de la sexualidad, con enfoque de derechos y de género, en todos los niveles del Sistema de Educación.

(Este texto es editorial del Boletín del Serpaj de dic. de 2017 que ofrecemos para descarga)

Precisamente este compromiso posee un potencial para efectuar un giro clave “en todos los niveles del Sistema de Educación” y por ello no debería abordarse como uno de las tantas tareas que exige la educación en nuestro país. Lo que se juega en el compromiso apunta al sentido que urge inscribir en la educación: ¿cuál debe ser la función de la escuela? Es esta pregunta la que se abre si se aborda el compromiso 12 en toda su radicalidad en un tiempo en que los sistemas educativos experimentan lo que Martha C. Nussbaum en el 2010 denominó “una crisis silenciosa”.

Se refería ella al progresivo privilegio que se le otorgaba a una educación que contribuya de manera inmediata al crecimiento económico y a la rentabilidad. Su breve ensayo se titulaba: Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades y alertaba acerca de la mencionada crisis de “proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial”. De hecho, en su libro Los límites del deseo: instrucciones de uso del capitalismo del siglo XXI, su autor, Esteban Hernández, señala que en el marco del poder financiero que regula el capitalismo actual, las humanidades son despreciadas, al igual que toda práctica o experiencia que ofrezca resistencia.

Es por ello que el compromiso 12 se constituye en una invitación a pensar la función de la escuela en términos de producción de subjetividad, función que no puede ser relegada a ningún dispositivo tecnológico, y puntualmente –en tanto supone abordar la sexualidad – exigirá salirse del doble juego de creer que la sexualidad es del orden de la religión o de la naturaleza; la sexualidad pertenece al orden de la cultura y ello nos remite al orden de la ética. Porque, como señala Silvia Bleichmar, “el problema está precisamente en que el respeto por sí mismo y por el otro es definido por la ética. La ética siempre está basada en el principio del semejante, es decir, en la forma con la que yo enfrento mis responsabilidades hacia el otro. La ética consiste en tener en cuenta la presencia, la existencia del otro [y]…sabemos que la violencia es una falta de ética en cuanto al respeto al semejante”.

La producción de subjetividad, por tanto, como función de la escuela vinculada a esta tarea ética: “para que mis obligaciones éticas se constituyan con respecto al otro, yo tengo que tener una noción del semejante que sea abarcativa”. Por su parte, el enfoque de derechos supone, desde el ámbito de la escuela, desanudar las crueldades que nos habitan como sociedad, como cultura porque precisamos “entender los nexos profundos que hay entre una cultura que durante años propuso el ‘no te metás’ mientras se asesinaba al semejante, que se continuó después en un individualismo de ‘sálvese solo, a costa de lo que sea’ convertido en un principio de vida y una cultura como forma de picardía que se convirtió en modelo de ejercicio social”. Una educación integral de la sexualidad no puede plantearse a espaldas de esta cuestión porque “la crueldad no es solamente el ejercicio malvado sobre el otro, sino que es también la indiferencia ante el sufrimiento del otro. Es una forma de inmoralidad y de crueldad la indiferencia ante el sufrimiento”.

Se plantea así, los alcances de llevar adelante el compromiso 12 como el núcleo básico alrededor del cual replantear la educación. La educación integral de la sexualidad es una forma de tener en cuenta la presencia, la existencia del otro y al vincularla con el enfoque de derechos, asume un sentido pleno porque dicho enfoque significa trabajar en la dirección de asumir la radicalidad del compromiso de responder al Otro, denunciando las situaciones de injusticia que impidan precisamente a los diversos Otros vivir sus proyectos de vida. Reconocer y respetar la dignidad de la persona, le dicen. Y la educación precisa recorrer los senderos que desembocan por tales territorios.