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Abril, 11 de 2014

Cuatro mujeres encadenadas: una por cada hombre que desfallece

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Cuatro mujeres encadenadas: una por cada hombre que desfallece

El miércoles pasado, ante más de 30 personalidades que asumieron ser garantes de los presos en huelga de hambre, el tribunal de Saltos de Guairá negó el pedido de medida alternativa a la prisión para estos. La desazón y la impotencia se apoderaron de familiares de presos y todos aquellos que levantan su voz de solidaridad. Cuatro mujeres hoy están encadenadas empujadas por este caso de injusticia reiterada y casi sin precedentes. Se encadenaron ayer, ya no hay tiempo que perder. Nunca lo hubo desde que el 15 de junio de 2012 murieron 6 policías y 11 campesinos en un enfrentamiento para desalojar a estos últimos de las tierras que reclama como suyas la familia Riquelme pero que, sin embargo, dos presidentes de la república, han declarado públicamente como tierras donadas al Estado hace décadas. En el Hospital Militar de la ciudad de Asunción siguen internados los cinco presos por el caso de la masacre de Curuguaty. Arnaldo Quintana, Felipe Balmori, Rubén Villalba, Adalberto y Néstor Castro. Hoy cumplen 57 días en huelga de hambre. Una mujer por cada hombre cuyas fuerzas desfallecen, están encadenadas en la entrada de este lugar. Raquel, pareja de Rubén Villalba; Mirta, hija de don Felipe; Carmen, mamá de Arnaldo y Élida, madre de Adalberto y Néstor... y de Adolfo, asesinado durante la masacre con evidentes signos de haber sido ejecutado cuando se entregaba al escuchar el sollozo de su hijo pequeño, según denuncias nunca investigadas por la fiscalía y que figuran, entre otros documentos, en el Informe de DD.HH sobre el caso Marina Kue. Es válido recordar que la investigación fiscal, cuestionada por los abogados defensores y organizaciones de DD.HH., siempre partió de una sola línea: campesinos y campesinas orquestaron un plan para propiciar esa masacre y son los culpables de las muertes de los 6 policías según Jalil Rachid, fiscal de la causa, que además tiene vínculos muy próximos con la familia Riquelme. La muerte de los 11 nunca se investigó. Se encadenan como medida de presión indefinida en el tiempo y porque, según Élida "ellos no tienen culpa. Lo hago por mis hijos, por la libertad de los cinco. Si no le van a dar su libertad y van a morir, yo también voy a morir con ellos".

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Una organización de DD.HH. que nace como propuesta de trabajo por la paz, contra la injusticia social desde la no-violencia activa.

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