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Noviembre, 4 de 2013

Desarmar la conciencia armada, por Adolfo Pérez Esquivel

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Desarmar la conciencia armada, por Adolfo Pérez Esquivel

(Buenos Aires, 03 de noviembre de 2013). La dominación comienza por lo cultural y no por lo económico. Lo cultural determina escalas de valores dominantes del capitalismo que generan más violencia social y estructural, y conductas que llevan a la suspensión de la conciencia donde, si todos hacen lo mismo, la culpabilidad se diluye en lo colectivo y se vuelve una actitud “normal”. Son los mismos mecanismos impuestos a las fuerzas armadas y las de seguridad que sufrió nuestro país y el continente durante las últimas dictaduras. La cultura de la violencia está enquistada en la sociedad a través de los medios de comunicación, la propaganda y el consumismo que condiciona conductas y altera valores. Oscar Wilde señalaba que "hay quienes saben el precio de todas las cosas, y el valor de ninguna”, porque no pueden determinar la diferencia entre precio y valor. Los medios de comunicación ejercen fuerte influencia en los comportamientos sociales, basta observar los dibujos animados, las películas y programas de televisión. Sería saludable que los padres presten atención a ese bombardeo permanente de violencia. El 98 % de los programas televisivos provienen de los EEUU, y están cargados de violencia, exaltando las armas, el sexo, las drogas, generando comportamientos e imitando actitudes, modismos y lenguaje. No es casual. Son políticas de dominación que las autoridades consienten sin analizar el impacto que tiene en los hogares y las escuelas. Es fundamental generar conciencia crítica, valores y caminos de solidaridad y de unidad social. Los medios de comunicación no son asépticos, tienen su carga ideológica y objetivos políticos. Muchas sorpresas tendremos si le preguntamos a los jóvenes qué saben de los pueblos latinoamericanos, de sus poetas, músicos y artistas o si conocen a nuestros científicos. La dominación cultural es impuesta sin anestesia, agudizando la desinformación y generando la confrontación social, cultural, política y religiosa, en lugar de compartir la riqueza de la diversidad intercultural de nuestro continente. La ley de servicios de comunicación audiovisual sancionada en 2009 debe democratizar la información y superar la cultura de la violencia, no se trata de censurar, sino de orientar y proponer a través de los ministerios de educación y cultura. Es necesario analizar desde la psicología social, los comportamientos de los jóvenes y niños que pasan de 4 a 5 hs. diarias o más, frente al televisor viendo películas y dibujos animados violentos. ¿Qué esperan de ellos? Ningún niño nace violento, se hacen violentos en sociedades violentas que los expulsan, los reprime y los usa por ser pobres. Así como hay monocultivos y agro-tóxicos, existen los monocultivos de la mente fumigados por la cultura de la violencia y el consumismo.

De esta manera algunos terminan pensando que la “seguridad” pasa por bajar la edad de imputabilidad de los niños a los 14 años, penalizarlos y encerrarlos, como solución mágica a sus miedos.
Vivimos en sociedades masificadas con graves problemas estructurales, estudios urbanísticos y sociológicos señalan que, aproximadamente para el año 2015 al 2025, el 85% de la población mundial se concentrará en las grandes ciudades y en zonas periféricas; fenómeno que está en marcha, basta ver el aumento de la pobreza y marginalidad; mientras los sectores ricos buscan su “seguridad” en barrios cerrados, generando “semi-feudos” con grandes muros que dividen, con alta tecnología y cámaras y guardias para protegerse contra los que están afuera. Estamos llegando a lo que Josué de Castro señalaba: “Los pobres no duermen porque tienen hambre, y los ricos no duermen porque tienen miedo a los que tienen hambre". Si los gobiernos no cambian sus políticas para enfrentar la dominación cultural y generan espacios para fortalecer la democracia y los derechos humanos, nos esperan tiempos grises sin horizontes. Se vuelve necesario poner en evidencia algunos de estos hechos concretos que ayudan al aumento de la violencia, así como la necesidad de estar atentos y encontrar caminos para superarlos.
Si queremos construir la paz, es necesario superar los conflictos y desarmar las conciencias armadas, saber que la paz no se regala, ni es la ausencia del conflicto, es restablecer el derecho e igualdad para todos y la capacidad de construir una cultura de diálogo, sabiendo que: “aquello que tenemos y no conocemos, es lo mismo que no tenerlo”.
Necesitamos hacer memoria, recordando a los jóvenes y educadores que la Argentina es uno de los pocos países en el mundo que tiene enseñanza pública, libre y gratuita, un derecho conquistado por las luchas sociales, que debemos proteger y mejorar con el aporte y voluntad de todos, conquistas que no pueden retroceder. La sociedad sabe que, muchos docentes e investigadores en las universidades públicas, a pesar del gobierno, aportan su capacidad intelectual y experiencia, sin recibir remuneración alguna y lo hacen porque están comprometidos con las nuevas generaciones para construir un mundo mejor. Mientras luchamos para que esta situación se corrija en nuestras universidades, también debemos destacar a estos sembradores de conciencias de paz, como algunos de los signos de esperanza y avances que indican que otro país y mundo es posible. Adolfo Pérez Esquivel Premio Nobel de la Paz

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Una organización de DD.HH. que nace como propuesta de trabajo por la paz, contra la injusticia social desde la no-violencia activa.

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