Según uno de los grandes pioneros, pensadores y comprometidos con la educación para la paz, Johan Galtung, muchas personas confunden la paz con la ausencia de violencia directa. Él explica que la paz es un camino que se define como la capacidad de manejar los conflictos con empatía, no violencia y creatividad. Las preguntas para nuestra cotidianeidad serían: ¿todos y todas compartirnos esta idea de paz? ¿Cómo podemos educar para desarrollar esta capacidad? (Por Cristina Coronel) Siguiendo con las preguntas, también deberíamos revisar la relación entre la paz y los derechos humanos. Cuando hablamos de educación para la paz y los derechos humanos estamos admitiendo implícitamente que lo uno no va sin lo otro. Pero ¿dónde estaría el nudo en esta formación? Como todo proceso educativo, no es conveniente, ni posible, quizás, deslindar la parte cognitiva de la parte procedimental y lo actitudinal, pero probablemente es en este ámbito donde cobra más sentido, pues el simple conocimiento de los derechos humanos, aunque es necesario, no es suficiente para dibujar y construir el camino de la paz. A propósito de la Semana Antimilitarista que desde el Servicio Paz Justicia junto a otras organizaciones se viene impulsando anualmente, se intenta dar respuestas a las múltiples preguntas que surgen en torno a la educación para la paz. Este año con el lema Desmilitaricemos nuestras conciencias, las instituciones y las sociedades, creemos que el contexto o modelo económico y social imperante con resabios de un autoritarismo de larga data reinstalada nuevamente a partir del 22 de junio y precisamente son en las instituciones y organizaciones donde se reproducen, difunden, promueven y fortalecen los símbolos, códigos y prácticas de dichas culturas.
Precisamente los lenguajes simbólicos vigente en el país como: el golpe de estado parlamentario del 2012, la modificación de la ley 1.337, la continuidad de la presencia militar en la zona Norte - en los departamentos de San Pedro, Concepción y Amambay -, la presencia de tanquetas de guerras no hacen precisamente una cortina mirable para una educación para la paz, para convivencia, para la solidaridad.John Paul Lederach, señala que en la construcción de la paz no bastan las buenas intenciones para terminar con la violencia. Se requiere contar además con un proyecto y unas herramientas en los que se precise qué entendemos por paz y cómo pretendemos construirla, en las situaciones concretas. Pasando a nuestra realidad, con un proyecto hegemónico, militarista y autoritario, no será viable esa construcción. Con la Semana Antimilitarista pretendemos aportar y apostar en afirmar la libertad, la democracia, los derechos humanos, la solidaridad y la construcción de vínculos de saberes colectivos que resistan a las formas de autoritarismos y militarización presentes en nuestra sociedad. No hay caminos para la paz, la paz es el camino. -- Ver programa de actividades