El pasado 23 de setiembre 354 docentes se presentaron para rendir un examen como postulantes para cargos de supervisores en el Ministerio de Educación y Cultura. Al día siguiente se desató la polémica al darse a conocer los resultados de esa primera prueba escrita en que apenas 34 de los 354 postulantes superaron el 70% mínimo requerido para pasar a la siguiente fase del concurso. Desde el equipo de Educación del Serpaj Paraguay el análisis es que en la cotidianeidad todo el sistema viola permanentemente el derecho a la educación, entonces ¿cuál es el camino que se debe tomar para salir de este impasse?
[caption id="attachment_3259" align="alignnone" width="768"]
Hace un mes docentes de todo el país se manifestaban para pedir, entre otras cosas, mayor inversión en capacitación. En la jornada hubo una fuerte represión en que docentes y periodistas que cubrían las manifestación, salieron heridos[/caption]
La controversia se alimentó con la polarización de las posturas respecto a encontrar culpables para este resultado. Las opiniones en las redes sociales daban cuenta de posiciones en que algunos responsabilizaban a los mismos docentes y otros al MEC.
Según Cristina Coronel del área de Educación del Serpaj Paraguay, este no es un tema nuevo, es simplemente la constatación de que la formación docente “es básica, básica y que es necesario pensar en políticas públicas de capacitación real y constante. Desde el Serpaj siempre recalcamos la necesidad de la formación permanente, continua, con posicionamiento”.
Transformar la cultura docente como parte de una revisión profunda de la cultura educativa y escolar
Para Ramón Corvalán, también del área de Educación del Serpaj, desde hace un poco más de tres décadas venimos arrastrando (no sólo en Paraguay, sino en la región) la crisis del docente. Y esto, según explicó, convivió siempre con un discurso que aludía a la importancia del docente para el proceso educativo con el progresivo y sistemático deterioro por la condición docente en ese mismo período.
“Hoy de nuevo emerge el problema que, en realidad, va más allá de los mismos docentes. Es la misma relación educación/sociedad (o al menos un modelo de educación) la que se ha fracturado y en esa fractura los sistemas educativos sufrieron un inquietante desfondamiento”, opina.
Según Corvalán, esta fractura con su consecuente desfondamiento, se ve en tres frentes de fracasos: 1. la escuela fracasó en la tarea de transmitir el sentido histórico de los procesos sociales a las nuevas generaciones. En el caso nuestro aún sigue con la deuda de cómo abordar el pasado reciente en aula. 2. La escuela también fracasó en la formación para el mundo del trabajo (mientras este mundo ha experimentado profundos cambios que aún no han sido tematizados en la misma formación del docente) y 3. La escuela ha fracasado igualmente en la formación para el ejercicio de una ciudadanía crítica que pueda participar en procesos de ampliación de la esfera democrática.
Se consolida el derecho a la educación en tanto se lo trabaja desde la educación en derechos humanos
Acerca del posible abordaje para solucionar este impasse, Ramón dice que resolver estos problemas no se reduce a pensar nada más en cómo capacitar a los docentes o formarlos mejor; tampoco la cuestión docente se reduce a los aspectos de las condiciones laborales. Pues, afirma, urge ingresar a un proceso bastante crítico de revisión y transformación de la cultura docente como parte de una revisión profunda de la cultura educativa y escolar.
“Esta cultura hace mucho que anda desnorteada, no se constituye en su calidad de derecho, más bien en la cotidianeidad todo el sistema viola permanentemente el derecho a la educación y eso hace imposible avanzar hacia lo que, en principio, por su misma definición constitucional, es la visión: que el derecho a la educación se consolida en tanto se lo trabaja desde la educación en derechos humanos y aquí la trama conformada por el Estado, la sociedad, los docentes, las organizaciones docentes y los organismos internacionales de cooperación, precisan acordar para intentar revitalizar la educación pública. La tarea no es simple porque sólo en el terreno de los contenidos disciplinares, enfrentamos una desactualización de los docentes equivalente a un poco más de tres décadas de atraso", sentencia.