En cinco mil millones de guaraníes se amplió el presupuesto del municipio para enfrentar el problema climático de la inundación, sin embargo con mucha suerte algunas familias solo están recibiendo chapas que sin puntales y maderas terciadas no sirven para erigir un refugio. ¿Qué se pretende hacer con ese monto y cuándo piensan ejecutarlo? Hoy recorrimos el Bañado Norte, dejemos que las imágenes y los testimonios hablen.
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Inicia el recorrido. Las playas de la Costanera ya casi ni existen.[/caption]
Semanas atrás, la profesora Selva Miranda había acordado con representantes de la COMUEDA, Consejo Municipal de Emergencia y Desastres de Asunción, que esa tarde vendrían con barcas pertinentes para ayudar al traslado de familias con viviendas anegadas. Eran familias de niños de su comunidad educativa, la escuela Caacupemí de Fe y Alegría, de la cual ella es directora.
Ya pasaron semanas de eso “y yo aún sigo esperando que vengan”, dijo. ¿Cómo resolvió ella aquel plantón? Por la noche, cuando ya había perdido las esperanzas de que aparecieran, un hombre de la comunidad, con su canoa, se prestó para el aventón solidario. A las 21 horas, en plena oscuridad, cruzaron el río Paraguay y trasladaron a familias con sus pertenencias.
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Las sombrillas de playa están a merced de las aguas[/caption]
Esa anécdota de solidaria es solo una entre tantas acumuladas, con inundación o sin ella. Actualmente, la escuela Santa Cruz, también de Fe y Alegría, ubicada más arriba, presta un par de aulas para que alumnos de la escuela Caacupemí que hoy está anegada, sigan dando clases pese a todo. Además, lo que le queda libre de patio sirve de refugio para un par de familias.
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Lo que antes fue una cancha de futbol[/caption]
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Una de las promesas de la construcción de la Costanera era resolver la inundación de la zona de la Chacarita. Fue la zona que en primer lugar se inundó.[/caption]
Maricarmen Schaerer, secretaria de Fe y Alegría en Paraguay recordó que un funcionario estatal le había dicho que debían poner más de su parte para solucionar el estado en el que están, y le sugirió que formaran una red de solidaridad de las escuelas.
Ella escuchó todo y, cuando le tocó hablar, le dijo a ese funcionario que la gente está cansada de toda la solidaridad que día a día pone en marcha y que sirve para cubrir las cosas que desde el Estado no se hace. “Hace rato nosotros ya hicimos esa red solidaria y ustedes no son capaces de traer la miserable leche”, le dijo.
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Refugios a pocos metros de la avenida Artigas[/caption]
La urgencia es por refugios
La identificación de refugios es casi de total iniciativa de pobladores organizados que salen a buscar terrenos libres, movilizan las gestiones más urgentes para conseguir permiso en caso de ser zonas privadas, y reubican a familias enteras.
La gente se arregla con las pocas chapas que, con suerte, logran obtener de parte de la SEN o COMUEDA. Estas instancias otorgan, a lo sumo, 10 chapas por familia. Pero no acercan puntales ni maderas terciadas, y las chapas en el piso no sirven de refugio.
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Algunos logran construir sus refugios en zonas altas y deben administrar la tensión que esto genera en los vecinos[/caption]
La criminalización dificulta que la solidaridad venga de “los de arriba”
Es difícil apelar a la solidaridad de la “gente de más arriba” para la instalación de refugios en los alrededores ya que, según María García de CODECO (Coordinadora de Defensa Comunitaria), la “criminalización” de la gente de los Bañados ha mellado en la confianza de la ciudadanía.
Se ha instalado esa idea de que toda la gente de las zonas inundables son criminales, drogadictos; “se les tiene en el concepto de que son de lo peor”. Entonces son muchas elementos los que tienen que administrar para zanjar esta crisis.
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Los codiciados palets, accesibles y bondadosos, sirven para mejorar los refugios y aislar a la humedad[/caption]
Les ofrecen refugios poco convenientes
La SEN se limita a poner a disposición móviles para traslado a refugios que gestionan los pobladores, ya que las pocas propuestas de refugios que vinieron desde instancias del Estado implican alejarlos demasiado de su entorno, lo cual es igual a: lejos de las escuelas, de sus pertenencias que deben monitorear, de su actividad de subsistencia, etc.
Estas son tierras, además, en disputa. Está el proyecto de la Avenida Costanera, la Reserva Ecológica. Esto hace que la gente no quiera alejarse pues significaría que una vez que retroceda el agua esos megaproyectos avanzarían y ellos no podrán volver y retomar los espacios de diálogo que con tantos obstáculos han logrado validar para ver darles el carácter social que desde el Estado no han previsto.
La casi nula asistencia de las instancias estatales, responsables de prever y acompañar esta crisis, lleva a pensar a pobladores organizados que es una buena excusa para llevar al pico la desesperación de la gente y que abandonen sus zonas.
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Los primeros damnificados en refugios que ya están con poco espacio sin agua[/caption]