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Agosto, 7 de 2015

"Los bañados y la zona del no ser" o “el encierro a los pobres”

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Por Abel Irala En una mañana calurosa del invierno paraguayo a fines del mes de julio escuché a un joven del Bañado Sur hablando en la radio Fe y Alegría. El joven explicaba que la Municipalidad de Asunción les prohíbe que acampen en las plazas públicas, a causa de las inundaciones, y que la alternativa municipal es que vayan a un predio militar; en sus palabras el joven explicaba con total lucidez: “lo que quieren en realidad es encerrarnos en un cuartel militar, allí nos quieren tener controlados...” Gran parte de las familias de los Bañados de Asunción se resisten a ir a los cuarteles a vivir bajo las órdenes de los uniformados, otros ya no tienen alternativa más que la de adecuarse . Recordé la exposición del escritor y pensador activista social Raúl Zibechi, en un seminario organizado por el Serpaj Py en el año 2013, pocos meses después de que haya asumido Horacio Cartes la presidencia. Se buscaba en aquel evento debatir y analizar las características que podría ir tomando la política de seguridad del entonces nuevo gobierno, por lo que en los análisis ya se presagiaba que lo que el joven bañandense nos confirmaba en la entrevista radial: una política hostil contra los pobres, de control, de marginación y del aumento de la violencia estatal contra esta población mayoritaria en el país. Nuestro expositor en aquel seminario, inspirado en las ideas de Franz Fanon, colocó elementos que me parecen claves para entender lo que ocurre hoy en la relación Estado y los sectores empobrecidos del Paraguay. Las lecturas que se realizan sobre esta realidad son variadas y diversas, siendo conflictiva y estando marcada por intereses y disputas de poder. En tanto no existe consenso sobre la misma, ya que el conflicto es parte de ella, se expresa de diversas maneras, presentándose hasta contradictoria. Por lo cual lo que se analiza en este artículo parte de una mirada desde la perspectiva de los oprimidos, que es una mirada excepcionalmente opuesta a la del poder, que comúnmente se conoce y se expresa desde donde el poder opera, desde las universidades, medios de comunicación, grupos políticos, etc. “Las zonas del no ser” Lo que padecen hoy pobladores/as de los Bañados, debe ser considerada desde la vida, su sufrimiento y exclusión, que a la vez genera movimiento, esperanza y lucha. Estos sectores que construyen un “otro poder” de aquel que solamente oprime se diferencia porque se construye desde otras perspectivas, sobre enfoques contrapuestos, que muchas veces los que detentan el poder hegemónico no lo entienden porque no lo quieren y pueden entender, o, lo entienden para dominar e imponer. Para Franz Fanon el mundo se divide en dos grandes zonas, la zona del ser y la zona del no ser; resumidamente, la zona del ser es donde el ser humano es respetado “donde el Estado de derecho y las leyes funcionan, existen leyes y se respetan. Es la zona donde los sectores populares, trabajadores, pueden organizarse, forman sindicatos, partidos. Su organización es respetada. Lo que Fanon analiza es que cuando estos sindicatos o los partidos de izquierda plantean un conflicto, una lucha, una huelga, ocupación, el conflicto se resuelve a través de la negociación, es lo habitual cuando hay conflicto. Solo raras veces aparece la represión, que es la excepción” (Zibechi, 2013). Claro está que se alude a algunos países, pues no en todos los países funciona el lado del ser para los sectores populares, sólo en algunas partes del mundo sucede esto. “En el norte, en los países desarrollados, en el resto de Europa, en Canadá, hay represión, pero no es la nota. La zona del ser es la zona del norte, de los países colonizadores”. En la zona del ser funcionan las leyes y se cumplen, el Estado de derecho es respetado. Mientras que “en la zona del no ser las leyes son de goma, se aplican o no se aplican. En la zona del no ser, la posibilidad de organizarse formalmente puede existir en las leyes, pero a menudo es vulnerada, atacada de diferentes maneras, una es la represión, pero hay otras formas que no son precisamente las más brutales, sino la compraventa de dirigentes, la cooptación. En esta zona, la represión es lo habitual o tiene un carácter no excepcional como en la zona del ser, del norte”, explicaba Zibechi y la vez remataba “Lo que quiero decir es que la zona del no ser tiene mucho de terrorismo de Estado legalizado y unas poquitas cosas de Estado de derecho”. Re configuración de campos de concentración: Cuando se vive constantemente en la zona del no ser, donde la excepción es la regla y los derechos de las personas están ausentes, resulta factible una suerte de analogía entre las áreas rurales militarizadas, las zonas excluidas, los barrios pobres, asentamientos con la figura del campo de concentración. En un campo de concentración los habitantes son despojados de sus derechos políticos, son sometido a un control total y absoluto, el Estado no se relaciona con ciudadanos, el Estado no es garante, no hay reglas de respeto, se vacía de dignidad a las personas, la vida es despojada de todo significado, es un proceso en el que se naturaliza que el ser humano sea privado de sus derechos y prerrogativas. Según el filósofo italiano Giorgio Agamben: “El campo es el espacio que se abre cuando el estado de excepción empieza a convertirse en la regla. En éste, el estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del ordenamiento, adquiere ahora una disposición espacial permanente que queda como tal, pero siempre fuera del ordenamiento normal” . El campo de concentración no ha quedado en la historia, no ha sido una anomalía de la historia, el campo distribuye o asigna el espacio político y de poder, se ha diseñado en la historia de la humanidad para ejercer control contra aquello que se consideraba peligroso, “(...) en el mundo persisten campos de concentración. Guantánamo es un campo de concentración, el mundo lo sabe. En países de tercer mundo también (...)” (Zibechi, 2013). Agamaben explica además: “la esencia del campo consiste en la materialización del Estado de excepción y en la consecuente creación de un espacio para la vida vegetativa como tal […] algunas periferias de las grandes ciudades postindustriales comienzan hoy a parecerse en este sentido a los campos. En ellas, la vida vegetativa y la vida política entran, al menos en determinados momentos, en una zona de absoluta indeterminación”. Pero lo que vale mencionar también es que en los campos siempre se producen rebeliones.  

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Una organización de DD.HH. que nace como propuesta de trabajo por la paz, contra la injusticia social desde la no-violencia activa.

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