¿Qué de común es posible distinguir entre acontecimientos aparentemente distintos? ¿Qué podría unir al ataque a pedradas que personas no identificadas realizara a la sede del Partido Comunista Paraguayo, además de dejar pintatas e inscripciones intimidatorias en el local partidario, con la decisión de la jueza Silvia Cuevas de ordenar el desalojo del pueblo indígena Avá Guaraní de la comunidad Y’apo y la asunción del nuevo rector de la Universidad Nacional de Asunción? (Editorial de nuestro primer boletín que podés descargar en versión PDF acá mismo) Por las características de los hechos, los mismos estarían traduciendo la persistencia de un orden destructivo que es propio de los sistemas denominados perversos: el caso de la jueza, de hecho, asume rasgos inquietantes de las desviaciones provenientes de los excesos en el uso de las prerrogativas del poder. Mientras la comunidad acudía a una audiencia convocada por la misma magistrada como parte de proceso para dirimir la propiedad de las tierras, agentes policiales, que contaban con la autorización de la misma jueza, quemaron más de 100 viviendas, templos y lugares sagrados, conforme a la denuncia de la Coordinación Nacional de Pastoral Indígena.
Descarga el Boletín de análisis e información - Serpaj ParaguayEn el otro escenario, esta vez, aparentemente académico, Froilán Peralta asumía como rector de la Universidad Nacional de Asunción. Había ganado las elecciones el pasado abril con el apoyo del senador colorado Juan Carlos Galaverna quien comparó, en plena sesión del Senado, a Peralta con una “Ferrari” frente a su oponente Antonio Rodríguez, a quien definió como “escarabajo descompuesto”: “Nuestra política será trabajar, asegurar la calidad educativa y el fortalecimiento de las capacidades para el desarrollo científico tecnológico y de innovación”, señaló, empero, el nuevo rector en su discurso.
Hacia el final de su libro Paraguay. La larga invención del golpe, Lorena Soler, destaca: “Ningún gobierno de la ‘transición’ a la democracia ha podido aún con los demonios del pasado […] El orden democrático se topa una y otra vez con el stronismo, el núcleo del problema hasta hoy no resuelto”. Y la manifestación cotidiana de este duro núcleo son las perversiones institucionales, las desviaciones en las misiones institucionales.
El problema con dicha realidad es que en ese clima, la tendencia suele ser la de profundizar en las desviaciones porque desde dentro de las instituciones no es posible la toma de conciencia de su accionar destructivo. Esto no significa que no exista responsabilidad porque en las acciones perversas existe un ejercicio deliberado del poder para obtener ventajas de una desigualdad no contestable; quienes toman decisiones (el caso de la jueza, el rector, el senador, quienes apedrearon el local del PCP) son conscientes de estar afectando a los integrantes que son tomados como objeto de la perversión, sean otras organizaciones, grupos o actores internos o externos. Por tanto, los acontecimientos no son accidentales, aislados y episódicos.
Otro aspecto del problema es que los procesos de perversión no apuntan a reemplazar al orden instituido. No es que desembocará en la creación de otro sistema de justicia o de otro tipo de universidad; más bien parasitan a las instituciones mediante la subestimación de lo ético, la confusión en los valores, la consolidación de la mentira instituida y de las formas ocultas del poder.
Al respecto, Jorge Etkin, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, apunta: “Lo característico es que no hay factores en la propia perversidad que la reviertan en el tiempo. Desde lo perverso no cabe formular pronósticos”. Se plantea así entre nosotros, la compleja tarea de desmontar los demonios del pasado, antes que sólo quede la cáscara vacía de algo denominado democracia.