SERPAJ Paraguay - Servicio Paz y Justicia
  Entradas  Vector  Artículos
  • INICIO
  • INSTITUCIONAL
  • ENTRADAS
  • PORANDU
  • BIBLIOTECA
  • CONTACTO
Serpaj Facebook
Serpaj Facebook
Serpaj Instagram
Serpaj Instagram
Serpaj Twitter
Serpaj Twitter
Serpaj Youtube
Serpaj Youtube

Enero, 8 de 2021

Tiempo desde quienes ponen al cuidado en el centro de la vida

Compartir en:
Tiempo desde quienes ponen al cuidado en el centro de la vida

Me dijo la abuela: “Recuerda, niña, que las plantas llevan aquí desde que la Madre Tierra es Madre. Y nosotras somos sus hijas. Nosotras llegamos después…Ellas contienen la memoria sagrada de nuestras raíces” Ada Luz Márquez


Comunidad Caacupemí, atravesada por un camino de tierra que a lo largo de dos kilómetros, depara en del río Paraguay. Es 22 de diciembre, de un año pandémico. Ña Esperanza se levanta tempranito y, mientras calienta su agua para mate, está contando su platita que juntó del reciclado y reservó para la compra de maíz, queso y cebolla de su marchante. Enseguida irá al patio a empezar la carneada del chanchito, que aún no consiguió engordar lo suficiente porque fue un año duro, pero ya resulta tradición en la cena del 24. Esperanza, trabajó el triple en el reciclaje este diciembre para poder comprarles ropitas nuevas a sus nietas y nietos. Se merecen ese gesto, menciona, ya que sus manos y cantos fueron indispensables para mantener la huertita de hortalizas que tan salvatore fue este año. Para ella, a sus dos hijas y a sus vecinas Julia y Dominga, logró terminar de coser algunas prendas que le habían encargado y, por suerte, su amiga que trabaja en Cateura le acercó varios juguetitos que están como nuevos, que podrán repartir con los niños y niñas en esta noche buena y quizás alcancen para el día de reyes. Mujeres como Esperanza multiplican esta práctica en cada rincón de los Bañados y también en aquellas comunidades campesinas e indígenas en donde las mujeres han encontrado una forma de colocar a los cuidados y a los afectos en el centro de la vida. Ellas, nos muestran la clave de cualquier esfuerzo por “reinventarse”, para quienes invertimos años y años en una carrera o quienes trabajan como asalariados 12 horas del día fuera de casa. El cuidar de cada aspecto de la vida, desde cómo generar nuestro propio alimento, que ese alimento sea sano, cuidar y sanar de quienes nos rodean, maternar no sólo a las hijas e hijos propios sino a aquellas y aquellos de corazón y en comunidad; redunda en una economía humanizante, protectora y multiplicadora de toda la vida que nos rodea. Desde los comités de mujeres campesinas e indígenas con su práctica histórica por preservar las semillas nativas, nos muestran la gran riqueza de esa memoria viva, que es memoria comunitaria y colectiva que resiste frente al avance de una lógica extractivista que pretende acaparar y apropiarse de toda la diversidad existente en los territorios para enriquecer a unos pocos. De esta experiencia ancestral, las mujeres organizadas en los Bañados, desafían a las amenazas de una nueva inundación, cultivando y organizando sus huertas comunitarias en cualquier pequeño espacio con la esperanza de sostener la gran olla cuando el hambre azote, en esa indivisibilidad del espacio de trabajo con el espacio doméstico y en la certeza de que nuestro mayor potencial radica en recuperar ese arandu ka´aty de nuestras tata rerekua – guardianas del fuego, que nos recuerdan que no somos nosotres quienes tenemos a la naturaleza, sino que es ella quien nos sostiene. La economía del cuidado y de los vínculos, supone una ruptura con la economía capitalista y extractiva, que hace una diferencia entre el trabajo y la vida, imponiendo una idea de que el trabajo asalariado y masculinizado implica el indefectible desarrollo y que lo demás es primitivo. Atrasado. Desde esta perspectiva, en comunidad, y en los tiempos para el encuentro y el intercambio entre mujeres, ellas se desafían a sí mismas preguntándose, "¿qué diferencia hay entre cuando cocinamos tortitas o empanadas para vender a los obreros de la construcción vecina y cuando las hacemos para consumirlas en la casa?", finalmente, "¿qué es trabajo y qué es vida?". La economía con rostro femenino nos ha interpelado y nos interpela en este tiempo, desde la contundencia de su esencia; ¿qué lógicas reproduce el trabajo remunerado masculinizado y el trabajo no remunerado feminizado?. El trabajo de las doñas desde las ollas populares, desde las huertas agroecológicas comunitarias y domésticas, de coser, cuidar de la suegra, seleccionar las semillas para autoconsumo, recolectar los alimentos y transformarlos en comida, consolar a la amiga, y tantas otras prácticas de cuidado; ayudan a sostener una vida digna, no dañan la naturaleza y es no son pago, mientras que los trabajos en la construcción, en el silo o en el transporte que enfilan a gran parte de los hombres de la comunidad, no ayudan de igual manera a sostener una vida digna, contribuyen a dañar la naturaleza y están remunerados. Celebrar y honrar la vida en cada aliento es una de las mayores enseñanzas que nos dejan estas mujeres en tiempos pandémicos, revelándonos y recordándonos que la mayor capacidad de reinversión, y conservación son las redes subterráneas, esas que semejan raíces, y la comunidad circulante como resultado de la salvia que nutre y revitaliza todo a su paso, poniendo al cuidado en el centro de la vida y a sus seres en inter y eco-dependencia. EL CUIDADO EN EL CENTRO DE LA VIDA

SERPAJ LOGO

Una organización de DD.HH. que nace como propuesta de trabajo por la paz, contra la injusticia social desde la no-violencia activa.

  • INICIO
  • INSTITUCIONAL
  • ENTRADAS
  • PORANDU
  • BIBLIOTECA
  • CONTACTO
  • Seguinos en: