Octubre, 21 de 2017
Son mujeres provenientes de: la Asociación Kuña Aty Santo Domingo, Calle 10, de 25 de abril; Comité Santo Rey, de Horqueta; Comité Mujer Paraguaya, de Peguaho Loma, Comité 8 de diciembre de San Marcos, Asociación San Isidro Labrador, de Belén, Comité Primavera Poty de Arroyito, Organización Campesina del Norte, OCN y la Organización Zonal de Agricultoras Ecológicas OZAE.
El análisis de la coyuntura actual, con la violencia de género como tema o eje central abordado en uno de los primeros encuentros, ayudó y animó a las compañeras mujeres de los distintos comités y asociaciones a plantear sus experiencias en cuanto a violencia; se confiaron vivencias, casos y situaciones que viven, que se viven en las familias y en la vida de otras mujeres, situaciones de violencia hacia niñas, niños y adolescentes de sus comunidades y vecindarios, y fundamentalmente cómo lo están asumiendo como comités y asociaciones, desde la solidaridad y el acompañamiento que realizan.
El tratamiento que algunas asociaciones o comités realizaron en estos casos es aún incipiente, pequeño tal vez, pero aun así muy válido, que merece ser compartido y rescatado como práctica noviolenta, posible para la autoprotección, el cuidado y educativo para algunos casos de acompañamiento.
La metodología planteada en los talleres, apoyada en dinámicas tales como: juegos de roles, historias de vida, estudio de casos, ejercicios y trabajos grupales, permitieron compartir vivencias, leer, entender realidades, historias y saberes, que constituyeron insumos del colectivo para reunir las propuestas y elaborar acuerdos de acciones conjuntas a corto, mediano y largo plazos, desde los saberes que dieron las experiencias y también desde la vivencias de casos de violencias sin atención que ponen o pusieron en riesgo sus vidas y la vida de otras mujeres, niñas, niños y jóvenes de la comunidad o población vecina.
Mientras construían colectivamente las posibles estrategias y objetivos, se comentaban en voz baja, luego nos compartían: “La violencia lastimosamente nos iguala, es algo común en nuestras historias y vidas…, heta laya oí la violencia ha enterove roñandu, mujer campesina, mujer de ciudad, pobres y ricas” (hay muchos tipos de violencia y todas las sentimos, todas la vivimos, mujer campesina y de ciudad, pobre y rica).
En esa construcción colectiva, iban surgiendo los temas que entretejidos forman el marco cotidiano de violencia. Las mujeres reconocen que la pobreza y la desigualdad, sumadas a la falta de oportunidades, al proceso de militarización que sufre la zona y a la inacción del Estado, conducen, por un lado, a una alta migración de jóvenes, y por el otro, a un proceso de descomposición de la juventud por falta de oportunidades (que producen una situación de frustración e impotencia permanentes) que desemboca en drogadicción, conflictos familiares, pérdida de valores y, finalmente, en el aumento de la violencia en diversas formas, que afecta a las familias y comunidades.
En ese contexto, las mujeres siguen sufriendo el machismo y la desigualdad por razones de género en diversas formas: en la irresponsabilidad del Estado para con sus necesidades en materia de salud pública, en la falta de oportunidades laborales y la diferencia salarial, en la falta de reconocimiento social y económico del trabajo doméstico y las responsabilidades de cuidado, en las dificultades para la participación, y todo esto se refleja en la forma más clara y perversa de la cultura patriarcal y machista que es la violencia contra la mujer a la que se suma la violencia a niñas, niños y adolescentes.
Así, juntas se animaron a acordar un Plan de Acción. El problema priorizado para construir el Plan de Acción es: VIOLENCIA CONTRA LA MUJER, LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA.
“Nos necesitamos y necesitamos de materiales, de coordinar y organizar en conjunto acciones para defendernos de la violencia machista presente en todo. Oñondivé ko ñande mbareteve” (juntas somos más fuerte) nos dice doña Francisca, mujer robusta, alegre y decidida…, quizás cansada de los abusos de poder cuando denuncian situaciones de acoso, de maltrato y violencia.
El proceso contó con el apoyo de CCFD y Misereor