El derecho a la ciudad es un derecho humano: Exigimos un reconocimiento genuino de ser y formar parte de un todo humano

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 Momento del discurso de María García. Foto:  Internet.

La mañana del domingo 12 de julio 2015 se produjo un encuentro histórico: la cita del Papa Francisco con los/as pobladores y pobladoras del Bañado de Asunción. Una de las voceras fue María García, de la Coordinadora de Organizaciones de los Bañados de Asunción (COBAÑADOS) y de la Coordinadora de Defensa Comunitaria (CODECO). Compartimos el contenido de su discurso por la relevancia del mensaje que la comunidad transmitió al máximo líder de la Iglesia Católica. 

Señor Santo Padre, gracias por venir a visitar a los que habitamos el Bañado de Asunción, por venir al encuentro de tantas mujeres, hombres, jóvenes, niñas y niños, ancianos y ancianas de nuestra población ribereña, es un momento oportuno para contar con su presencia tan especial. Usted, Papa Francisco, como Pastor de la Iglesia Universal viene impulsando la lucha por la dignificación de los pobres, por eso su presencia nos transmite un gran aliento, fuerza y esperanza a quienes habitamos este lado de nuestra ciudad capital.

Somos unas 23 mil familias, aproximadamente unas 100 mil personas, que vivimos en la franja costera de la ciudad de Asunción. La expulsión del campo a la ciudad, los altos precios de la tierra y la vivienda en la ciudad, sumados a los bajos ingresos que caracterizan a nuestras condiciones de vida, son las causas por las que llegamos a ubicarnos en el Bañado. La agricultura intensiva y mecanizada, la destrucción de los bosques y hábitats indígenas provocan un desarraigo doloroso y obligan al desplazamiento forzoso de miles de familias campesinas e indígenas que siguen engrosando los cinturones de miseria en los principales centros urbanos. En nuestros Bañados, Santo Padre, tenemos raíces campesinas y en algunos barrios hay asentamientos indígenas.

Hace mucho que vivimos en estos lugares. Algunos hace 80 años, 60 años, y la gran mayoría hace más de 30 años. Ganamos un pedazo de tierra para nuestras casas mediante un sacrificio inmenso. Construimos nuestros barrios palmo a palmo, los hicimos habitables venciendo los rigores del terreno, las crecidas del río y el abandono o la hostilidad de las entidades públicas. Ha sido una dura lucha levantar un hogar en medio de las penurias, pero no nos resignamos ni nos dejamos llevar por la tristeza. Encaramos los desafíos cotidianos con ese oxígeno, ese fuego de la fe y la esperanza.

El Estado no se ha ocupado de nosotros y no nos mira ahora con buenos ojos. No nos ven como sujetos de derechos, sino que para sus responsables somos, según nos suelen decir, “un pasivo social”. Somos un problema a solucionar. Para el Estado, el problema no son nuestras necesidades y carencias sino que somos nosotras y nosotros, nuestra existencia misma. Así, nos enfrentamos actualmente a proyectos viales e inmobiliarios que amenazan nuestro arraigo y legítimos derechos. Estos proyectos no son para favorecernos, sino para favorecer a quienes ya tiene tierra en exceso y muchas viviendas. Dichos proyectos no incluyen esa mirada social con sentido de justicia en igualdad y equidad para la gente que vivimos durante generaciones en el Bañado, en cambio apunta a desplazarnos, reubicarnos arbitrariamente, o encimarnos en algún pequeño lugar, aislado de un medio de vida posible, sin acceso a condiciones básicas que aseguren la calidad de vida que corresponde. Sostenemos con convicción: nosotras y nosotros somos parte de la solución y sujetos de derechos, y el Estado no puede desconocernos ni avasallar esos derechos fundamentales.

El derecho a la ciudad es un derecho humano. Exigimos un reconocimiento genuino de ser y formar parte de un todo humano inseparable, no esa farsa de participación en la que ya está todo decidido, porque eso es violentamente perverso, excluyente e inhumano. Pedimos regularizar la tenencia de la tierra, la que ya poblamos y poseemos desde hace décadas, a costos alcanzables. Solicitamos viviendas dignas, o que podamos mejorar las que ya tenemos, así como la atención a la salud y la posibilidad de una educación digna.

Nuestra organización bañadense, nuestras propuestas y nuestra dignidad, son nuestra barca y nuestros remos. Las aguas que navegamos no están tranquilas. La solidaridad de la gente de bien y los efectos positivos que creemos dejará su paso, serán esos vientos que nos pueden llevar a buen puerto. Por nuestra parte esté seguro, Santo Padre, que seguiremos remando. Nos impulsa una fe profunda en que lograremos la tierra y la vivienda digna, aquí, en este suelo donde siempre hemos vivido. Su bendición, Papa Francisco, será un impulso precioso e invalorable para el Bañado.

Finalmente, gracias, una vez más, por su presencia, gracias por escuchar nuestra historia, nuestras luchas, aflicciones y esperanzas. Valoramos enormemente su cercanía de Padre y Pastor para con esta de la ciudadanía paraguaya. Gracias por la fuerza que nos inspira. ¡Jajuecha jevy peve, Para Francisco! (¡Hasta que nos encontremos otra vez, Papa Francisco!)

 

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