Fuerzas Especiales de los EE.UU. en un intercambio con militares paraguayos ¿por qué?

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Del 23 de mayo y hasta el 24 de junio en el país ingresaron instructores invitados del Grupo de Fuerzas Especiales de los EE.UU. de América “con sus respectivos equipos, armamentos y municiones” según versa una nota dirigida de la presidencia de la república al presidente del Congreso Nacional. Se explica, además, que todos esos equipos serán utilizados en el intercambio conjunto combinado (JCET, por sus siglas en inglés) en las instalaciones del Batallón Conjunto de Fuerzas Especiales.

Para Abel Irala, investigador y miembro del Serpaj Paraguay, no hay un intercambio de saberes como tal, lo que es un proceso histórico de sometimiento, y una parte de dar continuidad a ese proceso son los denominados intercambio conjunto combinado (JCET) que se realizan a través de fuerzas especiales.

En esta entrevista nos responde tres consultas que arrojan luces sobre los intereses de una nación poderosa que envía sus militares a un pequeño país de Latinoamérica y el contexto paraguayo que encuentra aceptable la propuesta de recibirlos.

¿Qué significa en término de intercambio de saberes la presencia de la Fuerzas Especiales de Estados Unidos?
La versión oficial diría significa “que los lazos de amistad y de cooperación con un país amigo se están fortaleciendo”, para mi esta versión no sólo es superflua sino tramposa y engañosa, por varios motivos. Uno de ellos es que Estados Unidos no tiene “países amigos”, Estados Unidos tiene países aliados. De tratarse de alguna potencia sí, podría ser su aliado, los demás son países sumisos entrenados en términos militares a sus intereses geoestratégicos en la disputa por el control mundial.

Entonces podríamos preguntarnos ¿y qué tanta importancia podría tener Paraguay? Pero hay que entender que no sólo es Paraguay, es América Latina lo que reviste de importancia para Estados Unidos. Este continente es considerado una llave clave para los intereses imperiales y esto se ha demostrado a lo largo de la historia, la guerra fría, los diferentes planes de apoyo a las dictaduras, las democracias liberales con el monitoreo estadounidense y sus agencias.

Es así que no hay un intercambio de saberes como tal, lo que es un proceso histórico de sometimiento a los gobiernos y a las fuerzas militares locales, en varios países de Latinoamérica, incluido el nuestro, y una parte de dar continuidad a ese proceso son los denominados intercambio conjunto combinado (JCET) que se realizan a través de fuerzas especiales.

Es importante entender que cuando Estados Unidos presta la denominada cooperación militar siempre lo hace porque entiende que existe algún interés suyo en juego, de lo contrario no movilizaría bajo ningún término sus tropas, no es por una simple buena predisposición o lazo de amistad. No, lo hace consciente y planificadamente en torno a una estrategia global.

Parte de esa estrategia es la de la modernización de los ejércitos donde, entre otras cosas, se pretende asumir que hay una situación de guerra perpetua. Estados Unidos, como ellos mismos se han llegado a autodenominar, es una nación de guerra y para ello llevan a cabo distintas acciones en las diferentes partes del mundo, esto puede ser desde una ocupación militar abierta con el uso de la fuerza, así como el desarrollo de actividades médicas para la población de un pequeño país. El diseño y la intervención militar varían acorde a la posición de los países y su grado de colaboración o no con los planes estadounidenses.

Hoy por hoy la injerencia militar es mucho más compleja; en ocasiones, como en este caso, se hace de forma abierta, se lanzan discursos y excusas de apoyo a la democracia, aunque una democracia apoyada por Estados Unidos siempre será una democracia blindada contra los intereses populares, con este tipo de acciones están experimentando una modalidad de intervención prácticamente diplomática, de bajo perfil, respetando los mecanismos legales incluso (ejemplo: ha pasado por el Congreso) pero en realidad nadie sabe en qué exactamente consiste la tarea del grupo de élite.

Desde el 2013 estos operativos tienden a ser sistemáticos en Paraguay, debemos exigir explicaciones adecuadas, no justificaciones, sino informaciones claras que no existen hasta el momento, quizás las debamos pedir con mayor fuerza, me refiero específicamente a esta modalidad y otras incluso. Esto tiene lugar en un momento para la región donde se atraviesa una pérdida de soberanía e integración en los países de la UNASUR, y hay elementos para indicar que se camina hacia un nuevo sometimiento a los Estados unidos y su estrategia de control, entre ellos por los recursos naturales.

¿Cómo se lee esto en el contexto actual de cambio de comandante de las FTC y los resultados en la lucha contra el EPP?
Hay una larga trayectoria de injerencia de Estados Unidos en Paraguay, una de ellas es la militar. Demás esta recordar el apoyo de este país a la dictadura de Alfredo Stroessner, posterior a esto ya en pleno siglo XXI se han desarrollado los operativos Medretes, Nuevos Horizontes, incluso se ha permitido el ingreso de tropas estadounidenses con absoluta inmunidad, donaciones en efectivo y en infraestructura, la presencia constante del Comando Sur.

Hay una especie de paradoja… la presencia de un fenómeno como el EPP (con todas las brumosas especulaciones a su alrededor) justifica caminar decididamente hacia un Estado bélico, a poner en práctica lo que mencionábamos más arriba: vivir en una situación de guerra constante. Con esto se justifican políticas que van en detrimento de libertades públicas y de los derechos civiles.

A lo que voy es ¿qué resultados buscan con el EPP? Creo que las FTC tienen un gran problema para conseguir legitimidad, y quizá sea ese el principal resultado que se esté buscando con este tipo de asesoramientos, los cuerpos de élites estadounidenses saben que las operaciones psicológicas sobre la población civil son de vital importancia para extender la cultura de la militarización.

En la medida que los distintos operativos avanzan y no existen debates públicos sobre ellos, estamos perdiendo soberanía alimentando intereses extranjeros que poco tienen que ver con el respeto a los derechos humanos o la institucionalidad democrática.

¿Qué reputación tienen estos efectivos norteamericanos con respecto al legado en países latinoamericanos?
El aumento de las operaciones militares estadounidense con sus fuerzas especiales se han concretado en Centroamérica y Sudamérica, en todos los casos llama la atención la poca información disponible y por lo tanto la falta de transparencia en los objetivos reales. Los denominados intercambios conjuntos y combinados (JCET) que forman parte del Departamento de Defensa de los EEUU desde 1991, al parecer son las principales formas de llegadas a los distintos países, en estos procedimientos se pueden dar una variedad de entrenamientos: combate urbano, recolección de información, control de disturbios, tácticas de ataques, manejo de explosivos, contrainsurgencia, antiterrorismo.

Según un informe de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) los JCET han aumentado considerablemente entre los años 2007 y 2014 para América Latina y el Caribe. Honduras fue el país que más entrenamientos y misiones tuvo, en total con 21 en un periodo de 8 años, esto coincide con el golpe contra el presidente Zelaya y un sinfín de denuncias contra las fuerzas públicas de Honduras que, como indica el informe WOLA, estaba en constante entrenamiento con las fuerzas especiales de Estados Unidos.

Otros países con despliegues de Fuerzas de Operaciones Especiales son Colombia con 19, El Salvador con el mismo número, República Dominicana con 18, siempre en el periodo 2007 a 2014. En Paraguay se registraron 8 en total hasta el 2014, según señala el informe de referencia.
Esto forma parte del engranaje de la política exterior de Estados Unidos que se está volviendo mucho más violenta e intolerante.

 

Foto ilustración: Ejército paraguayo